Carta de despedida de un proyecto de mujer maltratada
Tal vez cuando leas esta carta no lo entiendas, tal vez te enfades o simplemente ignores su contenido pero quisiera explicarte el porqué de la desaparición de mi ropa, de mis colonias, de mis libros y de mí.
Sólo quisiera explicarte de nuevo, como tantas otras veces lo intenté, las razones que han llevado a mi decisión de marcharme, de huir, de rendirme a pesar de amarte más que a mi propia vida y de saber que tu sientes lo mismo por mi.
Siempre fuiste mejor que persona que yo, siempre fuiste un ser mucho mas tolerante, abierto, paciente y tranquilo hasta un día, no sé cuando, ni porqué, en que dejaste de ser tú para ser otra persona, o esa fue mi sensación.
No era algo constante, primero sólo era de vez en cuando, más tarde la frecuencia empezó asustarme. Al principio me quejaba, no me callaba, te contestaba, te exigía el respeto con el que consideraba me debías de tratar, después empecé a silenciarme, a pedir perdón para evitar las situaciones conflictivas, las discursiones en las que, teniendo o no razón, me acusabas de joderlo todo, de ser la culpable de todas las cosas que no iban bien.
Aún ahora, si cierro los ojos, puedo escuchar tus palabras, llenas de desprecio, gritándome, mandándome callar, culpabilizándome, recuerdo los portazos, los golpes a la pared y el miedo...
Y yo no te reconocía, no sabía quien eras, tú no eras así....y te supliqué, una y otra vez que aunque yo hiciera las cosas mal no me trataras así, que te enfadaras conmigo si querías, que no me hablases, que no me pidieses perdón nunca aunque hubieses actuado mal, pero que no perdieses los estribos por discursiones que en el fondo eran absurdas.
Hasta ayer, ayer cuando te pregunté si habías comprado el pan, tal y como te había pedido que hicieras por la mañana, ayer cuando no pude controlar mi tono de reproche tintado de enfado y te saqué de quicio, ayer cuando tras los gritos habituales y los portazos tu enorme mano cayó un poco más a bajo de mi mejilla y mi labio empezó a sangrar, fue entonces cuando desperté y entendí que no lo iba a conseguir, que no sólo no me ibas a dejar de gritar o de machacar sino que todo podía ser mucho peor, que podía empezar a ser como esas mujeres que salen en los telediarios, con la cara destrozada, con los ojos llenos de terror, como esa mujeres a las que día sí, día no, su amantísimo marido encontraba una justificación para pegarles una paliza.
Y yo no quiero ser así.
Por eso mis cosas ya no están, por eso esta carta va a ser lo último que pretendo sepas de mi, por eso ya no voy a luchar más.
Sólo deseo dejar de amarte y que tu me dejes de amar y quisiera evitar que a otra persona le hicieras lo mismo, aunque sé que no puedo, quisiera que abrieras los ojos y vieras lo que has hecho, quisiera que volvieras a ser como eras aunque yo ya no esté.
Y aún así no puedo evitar decir, como siempre, que lo siento.
Adiós.
(Esto es un alegato en contra del maltrato al sexo femenino, es ficción y espero que nadie se confunda al respecto)
Sólo quisiera explicarte de nuevo, como tantas otras veces lo intenté, las razones que han llevado a mi decisión de marcharme, de huir, de rendirme a pesar de amarte más que a mi propia vida y de saber que tu sientes lo mismo por mi.
Siempre fuiste mejor que persona que yo, siempre fuiste un ser mucho mas tolerante, abierto, paciente y tranquilo hasta un día, no sé cuando, ni porqué, en que dejaste de ser tú para ser otra persona, o esa fue mi sensación.
No era algo constante, primero sólo era de vez en cuando, más tarde la frecuencia empezó asustarme. Al principio me quejaba, no me callaba, te contestaba, te exigía el respeto con el que consideraba me debías de tratar, después empecé a silenciarme, a pedir perdón para evitar las situaciones conflictivas, las discursiones en las que, teniendo o no razón, me acusabas de joderlo todo, de ser la culpable de todas las cosas que no iban bien.
Aún ahora, si cierro los ojos, puedo escuchar tus palabras, llenas de desprecio, gritándome, mandándome callar, culpabilizándome, recuerdo los portazos, los golpes a la pared y el miedo...
Y yo no te reconocía, no sabía quien eras, tú no eras así....y te supliqué, una y otra vez que aunque yo hiciera las cosas mal no me trataras así, que te enfadaras conmigo si querías, que no me hablases, que no me pidieses perdón nunca aunque hubieses actuado mal, pero que no perdieses los estribos por discursiones que en el fondo eran absurdas.
Hasta ayer, ayer cuando te pregunté si habías comprado el pan, tal y como te había pedido que hicieras por la mañana, ayer cuando no pude controlar mi tono de reproche tintado de enfado y te saqué de quicio, ayer cuando tras los gritos habituales y los portazos tu enorme mano cayó un poco más a bajo de mi mejilla y mi labio empezó a sangrar, fue entonces cuando desperté y entendí que no lo iba a conseguir, que no sólo no me ibas a dejar de gritar o de machacar sino que todo podía ser mucho peor, que podía empezar a ser como esas mujeres que salen en los telediarios, con la cara destrozada, con los ojos llenos de terror, como esa mujeres a las que día sí, día no, su amantísimo marido encontraba una justificación para pegarles una paliza.
Y yo no quiero ser así.
Por eso mis cosas ya no están, por eso esta carta va a ser lo último que pretendo sepas de mi, por eso ya no voy a luchar más.
Sólo deseo dejar de amarte y que tu me dejes de amar y quisiera evitar que a otra persona le hicieras lo mismo, aunque sé que no puedo, quisiera que abrieras los ojos y vieras lo que has hecho, quisiera que volvieras a ser como eras aunque yo ya no esté.
Y aún así no puedo evitar decir, como siempre, que lo siento.
Adiós.
(Esto es un alegato en contra del maltrato al sexo femenino, es ficción y espero que nadie se confunda al respecto)
18 comentarios
Fran -
Nube -
Besitos izi.
Moonsa -
novalis -
Felices vacaciones a todos
Lyzzie -
LILI -
Lyzzie -
No le des esos sustos a tus circumstancias!! :)
Marta -
alex aísa -
alex aísa -
Este post nos ha puesto al borde del divorcio.
He leído, he apagado el móvil y YO me ha llamado 37 veces seguidas y me ha mandado 17 emails para asegurarme que era ficción.
Mientras tanto, MIS CIRCUNSTANCIAS ha abandonado su puesto de trabajo durante 2 horas para tratar de entender qué estaba pasando con los universos paralelos...
eva -
Lo imagino así en mi caso, o para personas parecidas a mi, gente que tiene claro sus límites y que, y sobre todo, puede permitirse el decir: he aguantado hasta aquí, ahora recojo mis cosas y hasta nunca.
Pero creo que este tema se complica cuando la persona que recibe el mal trato no tiene recursos (una casa donde vivir, un dinero con el que contar, una formación para afrontar sola el futuro...) y peor cuando, además, hay hijos por medio: ¿qué haces?, ¿te los llevas y hasta nunca?, ¿quien puede permitirse algo así?
Y después están las que nisiquiera tienen claros sus límites, como dice Marta, las que piensan que son ellas las culpables de ese acto de violencia. Esa parte psicológica del tema no la entiendo.
Monty -
Menos mal.
Alejandro -
Si es que los blogs los carga el diablo :)))
Marta -
Izi -
Le pido perdón públicamente a MIS CIRCUNSTANCIAS, por el mal rato que le he hecho pasar.
Un beso a todos.
Jordi -
Lo del alegato lo pones al principio y me evitas este mal rollo. Estaba flipando.
Marta -
Lo malo de las mujeres maltratadas es que muchas de ellas, no saben realmente que hacer. Ellas quieren a sus parejas, y hay veces que se pueden culpar por los malos tratos, pensando que son ellas las culpables de ese acto de violencia.
En fin, que hay muchos tipos de maltrato, y se está llegando a unos límites por lo que todo, hasta una bofetada sin intención ya es definida como maltrato.
Besos Izi
sanjudas -
NO A TODO TIPO DE MALTRATOS!