Blogia
yo y mis circunstancias

La panadera caraperro

Desayuno diariamente en una panadería que está al lado de la casa de mis padres (y del parking dónde sigo aparcando la moto, lo que significa que cada mañana tengo que hacer una rutita desde mi casa que no se la deseo a nadie).

En la panadería en cuestión hay una pequeña barra dónde se sirven cafés y tres mujeres que no tienen desperdicio y que se caracterizan por la disparidad de aspectos y, especialmente, de carácter.

Me centraré en la que he bautizado como LA PANADERA CARAPERRO.

Cincuentona, menuda, pelo corto y ¿sin dientes?, sí en ocasiones los lleva pero últimamente la carencia de los mismos resulta patente sólo con mirar la manera en que el labio superior tiende a doblarse sobre la encía, imagino que debe estar preparándose para que le coloquen los nuevos.

Pues la señora en cuestión tiene la facultad de sacarme de mis casillas, en mi camino hacia la panadería, en bastantes ocasiones, me asalta el deseo imperioso de que me atienda cualquiera de las otras trabajadoras a los efectos de empezar el día de buen humor.

No necesito que me den conversación me basta con una puñetera sonrisa, ni siquiera necesito que sonría con la boca, hay sonrisas con los ojos que te alegran el día (Marta, no sabrás nada tú de esto, no será cosa de tu ladrona???) pero NO, se empeña en mostrar su peor cara de amargada, su cara de perro.

Al principio, durante un tiempo, lo intenté, llegaba le sonreía y educadamente le pedía mi café con leche, a veces incluso intentaba hacer alguna bromilla con el objeto de empatizar, pero todo fue en vano.

Finalmente, el día que, en mi carrera diaria desde mi casa al parking, tropecé, me comí el asfalto rompiéndome los pantalones (y de paso casi las rodillas y las palmas de las manos), llegué a la panadería magullada y sangrando y caraperro me atendió del modo más frío que os podáis imaginar (casi pareció que le incomodó facilitarme una servilleta con agua ), ese día, marcó el punto de inflexión en mis intentos de ser agradable.

Ahora, llego a la panadería y si el azar se ríe de mi provocando que las demás dependientas estén ocupadas, le dedico a caraperro mi peor cara, mi tono más borde y despreciativo.

De verdad que me resulta insufrible sólo con verla, la detesto y hoy que me ha servido el café, casi me ha amargado el día.

Desdentada, eres una desdentada y una borde.

Uff que alivio....

Pero es viernes y eso lo cura todo.

6 comentarios

Marta -

Jeje, creo que pasarse de la raya con la ironía no siempre es malo... Pero hay que saber encontrar la persona que sepa diferenciarlo, y que no le siente mal.
Besos!

izi -

Ivan: Si me conocieras sabrías que poner la otra mejilla ha sido una constante en mi vida, pero la verdad es que la panadera ni me va ni me viene y tampoco es que la insulte cuando me sirve el café, me limito a poner la misma cara que pone ella y a mimetizar su actitud.

Jrodi: Tiene toda la razón, debo tener cuidado pq la ironía se me convierte en sarcasmo sin darme cuenta.

Marta: como ha dicho Jordi, que me conoce muy bien, el uso de la ironía me puede acarrear problemas por mi tendencia a pasarme de la ralla, de todos modos es una historía aderezada para que resulte un poco más "literaria" y jocosa.

Larah: gracias por tu sonrisa.

Iván -

Jo q borde! porq los demás no se comporten bien debes seguir el ejemplo? dónde esta eso de la otra mejilla? bss.

Jordi -

El problema es que a nuestra querida Izy la ironía se lo torna sarcasmo con suma facilidad (son dos conceptos que a veces no maneja bien). Ya sabes que lo digo con cariño. Menuda paradoja: DIOS DA PAN A QUIEN NO TIENE DIENTES...

larah -

Hola! tengo unos pocos de esos caraperros por aquí mira yo que tu cambiaba de cafetería y si no quieres un día le preguntas directamente pq tiene esa cara q lo mismo te sorprendes. De todas formas no hay nada mas agradable que una sonrisa por las mañanas yo pongo mucho empeño en eso en mi vida diaria pq es lo q me gusta a mi que me hagan. Así que ahí va una sonrisa para ti.

Marta -

Jajaja, la verdad es que hay gente para todo.
Supongo que si a mi me pasara algo similar, también sería borde, y emplearía toda mi "mala leche" (que la tengo) en fastidiarle el momento en el que coincidia con la mujer...
Pero, pensemos un poco. Si ella está amargada, creo que lo mejor sería intentar alegrarle el día. No hacer bromas, o intentar ser simpática, sino hacerle ver que la cara de perro que pone (o tiene) no es conveniente para su clientela. Creo que utilizaría la ironía con ella (es que me encanta...) y haciéndole la vida imposible, sin que se diera cuenta, le haría ver que la sonrisa, incluso sin dientes es mejor.
Besos!